Después de cuatro años de silencio estadístico, el Estado volvió a hablar de homicidios en el Perú. Los números no traen alivio: confirman que la violencia es más alta, más sostenida y más compleja de lo que se quiso admitir.
Durante cuatro años, el Perú discutió seguridad sin cifras oficiales de homicidios. Esta semana, finalmente, el Comité Estadístico Interinstitucional de la Criminalidad (CEIC) presentó los datos correspondientes al período 2022–2025.
La presentación ocurre en medio de una crisis política evidente, lo que obliga a leerla con cautela: más que una apuesta decidida por la evidencia, parece responder a la urgencia de mostrar resultados que suenen positivos. Aun así, algo cambia: ahora hay cifras oficiales sobre la mesa.
Y esas cifras son claras. Hoy el Perú registra más de 10 homicidios por cada 100 mil habitantes, con un promedio diario cercano a 10 víctimas. Estos números se acercan mucho más a la experiencia cotidiana de los ciudadanos y contradicen afirmaciones previas de autoridades que sostenían que la tasa oscilaba entre 6 y 7. Esa versión ya era insostenible: solo en 2021, la tasa nacional fue de 8.6

¿Estamos ante una reducción de homicidios?
No se puede afirmar eso con ligereza.
Los datos de 2025 presentados por el CEIC son estimaciones estadísticas. Aunque metodológicamente válidas, tienen una alta probabilidad de subestimar los resultados finales. La reducción de 0.2 puntos observada en el cuarto trimestre no puede atribuirse a políticas recientes ni interpretarse como una tendencia.
Basta mirar 2024 para entenderlo: ese año también hubo una reducción trimestral (0.4 en el segundo trimestre), seguida de incrementos en el tercero y cuarto. Además, estamos frente a una serie temporal corta —apenas dos años desagregados trimestralmente— donde los cambios observados se encuentran dentro del margen de error estadístico (±0.5).
Hablar de una “tendencia a la baja”, en este contexto, es más un acto de voluntad política que de análisis riguroso.

Entonces, ¿qué sí nos dicen las cifras?
Confirman algo que muchos transportistas, bodegueros, ambulantes y pequeños empresarios ya saben: el crimen ha crecido y se manifiesta de forma más violenta.
El Perú registra hoy niveles históricamente altos de violencia homicida. Esto no es solo un dato alarmante; es una señal clara de que las dinámicas delictivas se han vuelto más complejas y más organizadas. La tasa proyectada para 2025 es la más alta de los últimos quince años.
Esperar que 2026 rompa esta tendencia es comprensible. Pero, con la información disponible, el panorama sigue siendo sombrío.

¿Y qué pasa con el SINADEF?
Las cifras del Sistema Nacional de Defunciones no deben descartarse. A pesar de sus problemas metodológicos —ampliamente documentados— han servido como referencia durante años. Sin embargo, presentan un desfase significativo.
Entre 2020 y 2025, la diferencia promedio entre los registros del CEIC y el SINADEF fue de 1,323 homicidios. En términos prácticos, el CEIC registró 46.8 % más homicidios que el SINADEF en ese período.
Esto no invalida al SINADEF, pero sí expone la necesidad de mejorar la capacidad del Estado para contar la violencia de manera oportuna.
Lo que debería aprenderse de esta experiencia
El CEIC debería avanzar hacia un sistema de conteo rápido preliminar, con un dashboard público similar al del SINADEF. El desafío no es menor: implica coordinación interinstitucional, interoperabilidad tecnológica, recursos adecuados y —no menos importante— enfrentar problemas estructurales como la corrupción y la debilidad del sistema de justicia penal.
Además, es urgente mejorar la caracterización de las víctimas. Diferenciar homicidios vinculados al crimen organizado, a conflictos interpersonales o a violencia de género no es un detalle técnico: es la base para interpretar correctamente la seguridad en el país y diseñar respuestas eficaces.

En GPS Agencia analizamos seguridad, crimen organizado y política sin urgencia, pero con evidencia. No para tranquilizar, ni para alarmar, sino para entender mejor qué está ocurriendo y qué implicancias reales tiene.
Las cifras ya no permiten negar la magnitud del problema. La pregunta pendiente es si estamos dispuestos a leerlas con la seriedad que exigen.
Referencias:
- Comité Estadístico Interinstitucional de la Criminalidad-CEIC (2026). Informe Técnico: Evolución de la tasa de homicidios e indicadores de seguridad ciudadana, 2022–2025. Recuperado de: https://www.gob.pe/institucion/inei/informes-publicaciones/7648859-evolucion-de-la-tasa-de-homicidios-e-indicadores-de-seguridad-ciudadana-2022-2025
- Comité Estadístico Interinstitucional de la Criminalidad-CEIC (2023). Homicidios en el Perú, contándolos uno a uno, 2021. Recuperado de: https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/publicaciones_digitales/Est/Lib1927/libro.pdf
- Huaytalla, A. (06 de febrero de 2025). La crisis de datos. ¿Por qué no hay cifra de homicidios en el Perú? El Salmón. Recuperado de: https://www.elsalmon.info/post/por-qu%C3%A9-no-hay-cifra-de-homicidios-en-el-per%C3%BA


